Juan Carlos Corazza, director teatral y maestro de actores:

“El peor lugar para esconderse es en un escenario”

El profesor de interpretación y Director del  conocido “Estudio Corazza para el Actor ubicado en Madrid,  vino a Chile invitado por Chileactores a impartir a nuestros socios el taller “Personalidad creadora y composición del personaje”, centrado en investigar, profundizar y renovar la creatividad del actor.

Reciclaje, investigar, amor, reunión, ver, entrenar y sorpresa son siete palabras fundamentales para Juan Carlos Corazza. Y cada vez que las dice, el peso específico de cada una aumenta hasta que queda claro la importancia que tienen en el trabajo escénico. Invocándolas, este actor, director y profesor argentino radicado en España desde hace casi tres décadas no sólo ha guiado las interpretaciones de actores como Javier Bardem, Alicia Borrachero y Elena Anaya, también se ha preocupado de que todos sus alumnos entiendan por qué actuar es un juego solidario.

-¿Qué ve en sus alumnos, en los actores que van a tomar sus cursos?

-Una de las cosas que me gusta ver es aquello que está detrás de lo que no mostramos o de lo que tratamos que no se vea.  Primero veo lo que es obvio, pero muy atento a lo que no es evidente, a esa posibilidad artistica, creativa o expresiva, e incluso a la energía que el actor o la actriz no ha sacado a la luz. Todos nos presentamos con un personaje que puede tener más o menos matices y a mí me interesa ver ese con que el actor se mueve y también los otros personajes que hay detrás de esa cara, de esa mirada, de ese tono de voz.  Ver cuántos otros colores hay.

-¿Y acierta mirando?

-No me preocupo del acierto porque no hago radiografías. Lo que me importa es estar muy despierto para recorrer un camino y a veces, en ese camino, las primeras percepciones coinciden y otras veces no. A veces hay sorpresas impactantes que aparecen mientras trabajas un personaje, momentos inesperados que lo cambian todo.

– Momentos inesperados para usted y para el actor.

– Claro, insospechados para los dos. Es maravilloso trabajar con la sorpresa y estar totalmente abiertos a lo que no sabemos. Esa es la única manera de invitar a la inocencia, a lo inesperado y a mirar lo que ya conocemos pero con ojos nuevos.

-¿Hacer lo mismo con otra intención?

-Sí, porque creo que en la profesión del actor y en las artes en general, no se trata tanto de hacer nuevas cosas y mucho menos de inventar nuevas fórmulas. El desafío está en hacer lo mismo pero de una manera más aguda y por lo tanto mejor. Parte importante del trabajo del actor es volver a decir la misma frase como si fuera la primera vez, volver a hacer el mismo personaje como si fuera una aventura nueva y hacerlo sin caer en la repetición mecánica, sino asumiendo el desafío y la oportunidad de ver algo que no se haya visto antes.

-¿Qué se necesita para lograr esa renovación constante?

-Investigar con amor. Y hacerlo porque te enamore investigar, no solamente para actuar mejor o conseguir un premio, o más aplausos y destacarse del resto. Es una motivación pobre crecer como actor pensando solamente en tu carrera y excluyendo el amor por el arte.

-Quizá esa es la forma más indolora de enfrentarse a un proceso artístico. Si no hay compromiso emocional con lo que se hace, da lo mismo el resultado.

-Es que esa concepción alimenta una actitud individualista, de trabajar solo, de no hacerlo para el conjunto y para llevarle algo al público que de alguna manera le plantee dudas interesantes, que le permita sentirse identificados, reflejados y estimulados. Buscar ese sentido en la actuación permite no convertirse en esclavos de una motivación exclusivamente personal o individual.

-El teatro no existe sin trabajo colectivo

-El teatro es una buena oportunidad de no excluir porque todo el trabajo del actor tiene que ver justamente con integrar textos, escenas y personajes para darles voz y voto creativamente. El teatro está integrando desde que surgió como expresión de la sociedad porque hay un grupo de personas que se encuentra a la misma hora para soñar juntos el sueño que propone otro grupo de creadores y de técnicos.

-Una reunión muy bonita

-Justamente bauticé a la compañía que tenemos “Teatro La Reunión”, porque uno de mis aprendizajes, que ha sido en parte a las obras de Shakespeare, es que cuando una sociedad, una familia, un país o reinos diferentes no se reúnen siempre es una tragedia. Y parte de las tragedias que vivimos suceden por la dificultad de encontrarse, de juntarse y de entenderse. Entonces, parte de la tarea que nos concierne al teatro, al cine y a la televisión es recordarnos la urgencia de reunirnos.

– ¿Es la individualidad lo que más le enoja cuando dirige o enseña?

-Sí, puede  ser que a veces me enoje que el actor o la actriz no entienda la oportunidad, el regalo que es abrirse a trabajar con los compañeros y se empecina en trabajar solo. No me gusta cuando no aparece el respeto porque me parece que forma parte de las responsabilidades fundamentales del actor. Primero estar cuidándose o respetarse y respetar a los demás. Es verdad que no me gusta cuando aparecen los aspectos porque a veces hay una presión por ser mejor que otros o destacar y eso es una lucha que agota y que estresa. Como suelo decir: hay quien juega para ganar y hay otro tipo de jugador que juega para que siga el juego, para que se abra y aparezca un nuevo juego que es más rico,  profundo y divertido porque es solidario.

-¿Le gusta al actor ese estilo de juego?

-Bueno, es bravo ese trabajo para el actor, muy bravo.

Brava también la incertidumbre en la que viven, ¿cómo los ayuda a a que la inseguridad no los voltee?

– Es un desafío la verdad pero me preocupo de que el actor cultive, de la manera que pueda o quiera, el conocimiento de sí mismo y su desarrollo como persona, junto con su desarrollo artístico y el de la carrera.

-Y todo eso, ¿cómo se hace?

-Hay que estar dispuesto a hacer lo que sea para ser mejores personas: terapia, meditación, la vida en la naturaleza… Cualquier opción que uno elija para conocerse y ser mejor persona porque es duro llevar una carrera adelante y sostenerla. Hay que ser muy fuerte y tener una vocación muy grande para levantarte después de una mala crítica, de una sala con pocos espectadores o un momento donde no tienes trabajo y no puedes vivir de tu profesión. Esta es una carrera de las más difíciles porque trabajas con tu propia humanidad, te expones con tu sensibilidad, tu cuerpo, tu voz, tu físico, tu imaginación, tu historia, tu manera de ver el mundo…está todo ahí. El peor lugar para esconderse es en un escenario porque ahí está todo al descubierto, aunque te quieras esconder, la cámara, la escena y el público no perdonan. Por todo eso el actor tiene que cuidarse mucho.

-Un esfuerzo que se suma a todo lo anterior.

– Y hay que hacerlo, no hay alternativa. Hay que cuidarse física y emocionalmente, aprender a cuidarnos a nosotros mismos y a cuidar a los otros. Entonces, a mí me parece que tiene mucho sentido que instituciones como Chileactores generen espacios para atender a los colegas porque en esta profesión hay que dar mucho y si no te nutres permanentemente, ¿qué puedes dar si estás estrujándote permanentemente? Hay que beber de algunas fuentes para también poder dar.

-¿Qué fuentes le interesan a usted?

-Independientemente si eres actor de teatro, de cine o de televisión, siempre hay que beber de los grandes autores.

-Constantemente recurre a los clásicos, a Shakespeare, por ejemplo.

Sí, a los clásicos y también a los contemporáneos porque se retroalimentan y me parece que eso nos da fuerza. Son alimento fundamental para la imaginación, la reflexión y la inteligencia. Yo propongo entrenarse con los clásicos y no sólo como un ejercicio intelectual o histórico, hay que conocer esas leyes dramáticas, escénicas y artísticas que tienen que ver con la creatividad y la composición de los personajes. En Shakespeare y en otros clásicos hay maneras de componer muy expresivas y muy atractivas.

-Es que pareciera que los clásicos son muy claros, no dan pie a confusiones.

-Es que hay muchos clásicos que  no pierden vigencia porque en ellos está la esencia de los asuntos del por qué del ser humano, de por qué el ser humano lo hace todo tan mal y no es feliz. Y claro, son muy esenciales, con ellos puedes entenderlo todo.

-¿Ha imaginado entender la vida sacándose el teatro de encima?

-La verdad es que si no hiciera lo que hago, pues no sería mi vida. Esta es la que me tocó hasta ahora. Pero aún así nunca se sabe.

-¿Y si le tocara otra vida?

-A veces sueño…y creo que pintaría.

-¿Pinta?

-Pintaba y dibujaba. De pequeño me salía muy bien hacer retratos de quién fuera, de la familia, amigos, compañeros… En Buenos Aires, cuando estudiaba para actor me decían: “No dejes el conservatorio de arte dramático pero no dejes de ir a Bellas Artes”, pero no, el teatro me absorbió totalmente.  Y es que sí, yo soy esto.